
Lo único cierto que tenemos los seres humanos, desde el día que nacemos, es que algún día vamos a morir, y eso es algo a lo que no le damos mucha importancia durante nuestros años de juventud.
Cuando nos acercamos a la etapa adulta, comenzamos a experimentar la muerte de algunos amigos y seres queridos, es allí cuando empezamos a tener consciencia de nuestra propia muerte, en algunos casos, si nos sorprende alguna enfermedad grave, podemos profundizar en esa consciencia con mayor detenimiento.
Lo cierto es que todos vamos a morir algún día, y eso abre una polémica tan antigua como la vida misma:
¿Qué pasa después?
Surgen las grandes posturas: las religiones y sus propuestas, los ateos y sus propuestas, nada se ha comprobado como para ayudarte a tomar una decisión y los años pasan y nuestro encuentro con el momento final está cada día más cerca.
La ciencia hoy da por cierto que la energía no se destruye, sino que se transforma, cada día la “teoría” del Diseño Inteligente o La Creación cobra mayor auge frente a la imposibilidad científica de explicar las existencia de más de ocho millones (8.000.000) de especies distintas conviviendo en el planeta, sin la posibilidad de observar, documentar y repetir científicamente el proceso de la evolución, lo que hace más difícil la decisión para colocarnos de un lado o del otro.
Cada día tenemos menos tiempo, y ¿quién sabe si estará vivo mañana?
¿Si hoy te tocara partir, para dónde irías? ¿Al Cielo o al Infierno?
Sin duda que esta es una pregunta que, tarde o temprano, te quitará el sueño, y de todo corazón, espero que sea temprano.
Hay quienes deciden que no existe ni el cielo ni el infierno y resuelven su dilema de forma Salomónica, eso les da tranquilidad por algún tiempo, sin embargo, las probabilidades de que No exista nada, así como la de que Si exista todo, son tan altas (50%), que arriesgar el destino eterno a que: no existe nada, pondría a temblar hasta al apostador más temerario de Las Vegas.
Muchas personas saben, en lo profundo de sus corazones, que si hay un cielo y un infierno a los cuales podemos ir al partir de este mundo y estoy seguro que, después de todo lo que se ha dicho del infierno, TODOS QUEREMOS IR AL CIELO!
Pero… ¿Es posible ir al cielo?
La existencia del Cielo y del Infierno se ha revelado a la humanidad a través de un antiguo libro, que se comenzó a escribir hacer 3500 años y se terminó de escribir hace 2.000 años, y ha permanecido a lo largo de la historia como una referencia de autoridad moral, ética y espiritual para gran parte de la humanidad.
Muchos han sido los ataques, revisiones, e intentos por desacreditar a este libro, sin embargo ha resistido la prueba del tiempo, al punto de ser el Libro más vendido del mundo desde que se inventó la imprenta, con más de 5.000 millones de copias vendidas, y ha sido traducido completamente a 438 idiomas y parcialmente a más de 2.454 idiomas y dialectos.
Ese libro es La Biblia, también conocida como Las sagradas Escrituras, y es de lectura recomendada para todas las personas del mundo, en sus páginas se narra el origen del universo, la tierra y la vida en este planeta, y también se narra sobre la persona responsable de toda la creación: Dios, y del lugar donde él vive: el Cielo, y de otro lugar donde van las personas que no son amigos de Dios: el infierno.

No hay otro libro que hable del Cielo o el Infierno, y de la forma de llegar a esos lugares, por lo que es la Biblia, el único documento que establece la manera de llegar al cielo o al infierno.
De acuerdo a ese libro, hace mucho tiempo, al principio de todo, los seres humanos éramos amigos de Dios y podíamos estar con él, pero algo pasó que arruinó esa amistad, y creó una barrera irreconciliable entre Dios y los humanos.
Narran las escrituras, que Dios, desde ese momento, creo un plan para reconciliar al hombre y la mujer con él, era un plan que demandaría un gran sacrificio, un alto pago, un evento de gran importancia y que los hombres no podrían hacer, por lo que el mismo Dios tendría que llevar a cabo ese sacrificio.
Jesucristo, el Hijo del Dios Padre, igual a Dios en esencia, magnitud, poder y santidad, se despojaría de su condición para venir al mundo, nacer como un humano, vivir una vida de rectitud impecable y derramar su sangre en un acto que se convertiría en el acto más grande y recordado de la humanidad.
Ese acto tendría el invaluable beneficio de que convertiría, a todo aquel que lo crea, lo acepte y lo reciba, en amigo de Dios nuevamente, y con esa amistad, la posibilidad de ir a la casa de Dios (el cielo) una vez que partamos de este mundo.
Sin duda que esa historia es tan increíble como hermosa, sin embargo, algo sorprendente pasa en todos aquellos que toman la decisión de creerla, desde el primer día, sus vidas comienzan un cambio, las personas inician una relación personal con Dios, inicia la transformación de su carácter y aumenta la seguridad y convicción de que, al partir de este mundo, irán directamente para el cielo.
Por increíble que parezca, un acto de amor que inició con Jesucristo y sus doce discípulos, creció en convicción al punto de que todos dieron su vida por ese mensaje, y el mensaje creció hasta tener hoy más de 2.400 millones de personas que creen en ese mensaje de reconciliación de Dios con los hombres y gozan hoy de la certeza que al morir, irán a la casa de Dios.
Pero ese antiguo libro, también relata que, las personas que decidan despreciar ese acto de amor, que hizo Cristo en la Cruz del Calvario, ya han sido reservadas para ir al infierno irremediablemente, por cuanto aún son enemigos de Dios y no pueden estar en su presencia.
Tal vez tu y yo creamos que siendo buenos, haciendo buenas obras, respetando las leyes y ayudando a los pobres, podamos ir al cielo, pero lo cierto es que eso no lo dice en ninguna parte de la biblia ni tampoco en otros libros, se ha establecido un solo medio para ir al cielo y es a través de Jesucristo y su sacrificio en la cruz.
Tal vez estás leyendo esto y ya eres amigo de Dios por haber aceptado la obra que hizo Jesús en favor tuyo, pero si no es así, te voy a regalar el consejo más valioso que recibirás en tu vida: Piensa si de verdad tienes opción de entrar al cielo por tu propia cuenta, por tus obras, por tu conducta, es importante que sepas, que el abogado que te confrontará se llama Jesucristo, y el Juez es su Padre, piensa si de verdad tienes la estatura moral, ética y espiritual para enfrentar un juicio en tu contra, y si es así, te felicito, eres un ser muy especial.
Pero si por el contrario, te das cuenta que eres tan normal como los demás, reconoces que no eres tan bueno, que tu vida no resistiría una evaluación profunda de tus actos más privados, y que necesitas un buen abogado defensor, entonces te invito a que recibas y aceptes que, el sacrificio de Jesucristo en la cruz es suficiente para cambiar el rol que tendrá Jesús ese día en el juicio, pasará de ser tu confrontador y se convertirá en tu defensor, y Dios el Padre (el juez) no te juzgará a ti, sino que juzgará a Jesús en tu lugar, y está escrito, que ya Jesús ganó ese juicio.
Piensa en esto, porque si estás leyendo estas líneas, es porque Dios te está buscando y desea ser tu amigo, no lo desprecies, te prometo que no querrás estar en el grupo de las personas que despreciaron a Dios.
Que tengas un feliz día.

